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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Cuando el tiempo que ha de llegar
olvide nuestros nombres
y juegue con la lluvia
la luz de otros otoños.
Cuando ya no nos duela
ni el cuerpo ni los miedos
ni las ausencias.
Cuando ya no nos busque
la vida con sus manos
de madre o de enemiga,
de amante que llenó
de viento y de dolor
las madrugadas.
Cuando se acuerden de nosotros
los labios del olvido,
entonces estaremos
tú y yo
en besos de otros amantes,
en la playa en que olvidamos
nuestros cuerpos
o bajo el breve sol
que mire otros inviernos.
Viviremos en la luz
que hay en la sombra
o en las estelas blancas
que pintan los aviones
o seremos el pitido
de trenes que se alejan.

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