Eres como el traje de cada día
que se ponen los campos,
eres la verdad de los días,
eres extensa e incesante.
En tus manos crece el mundo,
en las mías acaba
lo que tú has creado.
Sin cesar llego a ti
como las hojas al viento,
sin saber regresar
salgo de tus manos.
Quien prueba tu sabor
siempre por vez primera
vuelve para probarte.
Quien aprende la brisa de tu piel
quiere aprenderla
porque no la sabe.
Tú eres la arquitectura imposible
que desmorona mis manos,
el más fácil de los laberintos
que nunca tienen salida,
la más difícil de las líneas fáciles.
Busco el instante de tu piel
en que se inicia el mundo,
la hondonada feliz
en que todo acaba
y en que yo acabo.