Hubo un día en mi calendario
en que empecé a morir.
Soltadas las amarras,
la nave se hizo a la mar
en medio de una niebla
que no dejaba ver el puerto
la última vez.
Ya casi no recuerdo
de dónde partí,
ni sé cuál es mi destino;
sólo conozco que
no hay isla para el regreso.










